Predicas Cristianas Escritas
Predicas Cristianas Escritas Prédica de Hoy: Frente a las circunstancias
Predicas Cristianas Escritas Lectura Bíblica de Hoy: Romanos 8:18-27
Introducción
Pedro escribió la primera carta en la época en la que se produjeron las persecuciones de los cristianos en Roma, y la escribió para “los que estaban enfrentando las circunstancias” o como el mismo dice: “A los expatriados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos conforme al previo conocimiento de Dios Padre por la santificación del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre…”.
Si bien es cierto que nuestras propias circunstancias quizás no sean tan graves en una comparación directa, sabemos muy bien que lo que para los demás puede ser pequeño, para los que estamos en el problema resultan ser montañas de opresión que muy bien podríamos asimilar a la situación de aquellos expatriados, o a las del mismo Jeremías sentado frente a una Jerusalén destruida.
Lo que debemos comprender es que lo importante no son las circunstancias que nos tocan vivir, sino el saber que tenemos un Dios grande y poderoso, al que accedemos a través de nuestra fe, que nos hará superar las dificultades, y aún aquellas que se presenten como muy graves, nos resultarán de bendición, pues “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.
Frente a las circunstancias
Leamos la Palabra de Dios en Romanos 8:18-27 “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”.
En este pasaje, la Escritura introduce un concepto fundamental: la “gloria venidera”. La palabra “gloria” proviene del griego dóxa (δόξα, Strong’s G1391), y se refiere al peso, la honra y la manifestación visible de la presencia de Dios. Esto nos revela que el sufrimiento presente no tiene comparación con la realidad futura que Dios ha preparado para los que perseveran en Él.
Babilonia era una ciudad ubicada junto al Río Éufrates, pero se usaba el término entre los cristianos de aquel siglo para referirse a Roma, debido al libertinaje, la idolatría y el mal existente en Babilonia, y que se había transferido a Roma; debemos recordar que los espíritus se transfieren, y en este caso, los espíritus inmundos de Babilonia se habían transferido a Roma, y es por esto que debemos tener mucho cuidado con quienes juntamos, ya que los espíritus que en ellos estén pueden llegar a transferirse.
Pedro les escribió a los cristianos que estaban siendo perseguidos por Nerón, y les escribe con el propósito de animarles, sabiendo las dificultades que se estaban enfrentando; y cuando Jeremías miraba Jerusalén, veía su desolación, se acordaba de la tremenda batalla con que Nabucodonosor se había apoderado de ella y la había saqueado, destruyendo el templo y matando a sus habitantes.
Teniendo en cuenta la profundidad del sufrimiento, similar al de Pedro cuando pensaba en los exiliados, lo que produce el dolor en el corazón humano, el sentido de abandono, y la soledad, podemos comprender como Jeremías toma ese sentimiento y lo expresa desde su propio corazón; el pueblo había sido vencido y había sido llevado cautivo, la ciudad había sido incendiada y totalmente destruida, entonces dice: “Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas, Porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma; Mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció” Lamentaciones 1:16.
Como cristianos muchas veces debemos enfrentarnos con nuestras propias circunstancias y que pretenden hacernos retroceder y abandonar el camino, sin embargo, Jeremías no atribuye esta destrucción a Nabucodonosor sino al Señor, pues mira más allá de las circunstancias inmediatas para ver lo que está haciendo Dios, y cuando tomamos esta actitud en nuestra vida, nos damos cuenta de que muchas veces el juicio de Dios ha sido a consecuencia de la dureza de nuestro corazón, de la rebeldía que tenemos allí instalada y es por eso que el Señor permite la prueba.
Pedro habla para cualquier persona que esté pasando por alguna dificultad, para todos aquellos que se encuentran frente a una circunstancia, y si usted se enfrenta con el sufrimiento, sea de la clase que sea, le animo a que preste atención; si se pregunta lo que está haciendo Dios en el mundo actualmente, y lo que va a suceder en vista de todas las tensiones, presiones y circunstancias que nos esperan en el futuro, considere que Pedro le escribía a cristianos que se encontraban en circunstancias muy similares a las suyas.
Muchos en el pueblo de Dios, frente a circunstancias tienen una actitud de incredulidad como la de Jeremías al recordar todo lo que ha sucedido, y cualquiera que haya pasado por esto conoce los diferentes aspectos de los momentos de dolor, donde primero se siente desolado, luego toma conciencia de lo que realmente ha sucedido y siente el profundo dolor personal, y después, como parece sentir Jeremías, una especie de incredulidad al pensar que algo así pueda haber sucedido, un sentimiento de incredulidad al contemplar la destrucción de Jerusalén, diciendo: “Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro, ¡Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero!” Lamentaciones 4:2.
Uno de los hechos más importantes, por no decir “EL MÁS IMPORTANTE”, en la vida de cualquier cristiano, es su relación con Jesucristo, la nueva vida en Él que decidimos tomar, y hay cosas acerca de esta decisión que son importantes, y que solamente se pueden sentir al tomarla, una es la esperanza viva, “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrer” 1 Pedro 1:3-5.
¿Sabía usted que ya tenía hecha su reserva en el cielo?, los no creyentes dicen: “Eso es una mentira, es la forma de mantenerlos contentos mientras luchan acá abajo y hacen lo que les dicen”, y allí vemos la total falta de esperanza de nuestra sociedad actual, donde vemos a los jóvenes que en vez de sentirse llenos de vida y deseos de vivir, los hallamos en las nubes durante horas, sea por efecto de las drogas, el alcohol o su propia desesperanza, los vemos sino como adornos en los lugares públicos porque no tienen nada que hacer, no tienen a donde ir, ni porque vivir; y es allí en donde como cristianos nos damos cuenta de lo que significa realmente una esperanza viva, esa fuerza que nos activa y motiva en todo momento a los cristianos, aún frente a las circunstancias; eso es lo grande del cristianismo.
Pero vemos también que no solo tenemos una esperanza viva, sino un poder celestial que está presente y que nos mantiene activos y glorificando a Dios, sabiendo que todo los que nos sucede es por nuestro bien, pues “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” Romanos 8:28, y ese poder es nuestra fe, es un poder presente en el cristiano, que nos sostiene y controla cuando nos sentimos dominados por el temor, la ansiedad o la necesidad, y nos fortalece, viniendo a nosotros a pesar de todas las circunstancias que la vida coloca en nuestro camino.
La Biblia dice: “sed santos”, y ante esto, ¿Qué se le ocurre?, quizás las imágenes de la iglesia romana, o sus fotos, o tal vez una persona que no hace más que repetir versículos bíblicos y hablar acerca de cosas religiosas; pues si piensa esto, la verdad es que no ha entendido el verdadero significado del término, pues el Antiguo Testamento la llama “la belleza de la santidad” y hay algo especial en la persona que es santa porque la santidad representa una persona completa, es una persona que tiene la mirada puesta en una meta, en alguien a quien seguir y ese alguien es totalmente importante para él, al punto de que no hay nada que le interese más.
Y este es el cristiano que ama a su Señor, y es santo pues vive consagrado y además tiene paz consigo mismo, y esto es importante, no está luchando con nadie y no lucha consigo mismo, sino que tiene calma para cumplir con su Señor y se siente amoldado a sus instrucciones, no se molesta ni hace las cosas por obligación, ni se cae frente a las circunstancias, eso es la santidad.
Y es este el cristiano que sabe escudarse en la fe para apagar los dardos del enemigo, el que sabe buscar la ayuda en el Señor sabiendo que su propia santidad le abre la puerta de los cielos para que las bendiciones desciendan y abunden en su vida, ya que “poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; …….11 para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. 12Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; 13 pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo” 2 Corintios 9:8, 11-13.
© Luís A. Coria. Todos los derechos reservados.







Aleluya aleluya aleluya pastor Coria sus predicas están llenas de unción y fuego Santo ay fiesta y regocijo cada ves que sube sus temas, el cielo se alegra con sus predicas y el infierno tiembla porque sus predicas llevan el sello del Altísimo y establecen el Reino de Dios aquí en la tierra siga así se lo pedimos
Pastor Coria esperamos sus predicas, esperamos siga instruyendonos a nuestras iglesias por medio de su ministerio sabiduría e inspiración que el Señor le ha Dado