¿Qué puede suceder cuando una familia abre su hogar para escuchar la palabra de Dios? Este bosquejo para predicar en hogares, basado en Hechos 10:24-48, enseña cómo anunciar a Jesucristo con claridad y llamar a cada persona a responder con fe.
Introducción
Cuando pensamos en la predicación del evangelio, generalmente imaginamos una iglesia llena de personas escuchando la Palabra de Dios. Sin embargo, las Escrituras nos muestran que algunas de las reuniones más importantes ocurrieron dentro de una casa, donde familiares y amigos se congregaron para escuchar el mensaje de salvación.
En Hechos 10 encontramos una de esas reuniones. Cornelio, un centurión romano, había enviado a buscar al apóstol Pedro. Cuando este llegó a Cesarea, encontró que Cornelio había reunido a sus parientes y amigos más cercanos. Todos estaban esperando escuchar lo que Dios tenía que decirles.
Ahora bien, entre los temas para predicar en hogares, este pasaje nos ofrece una enseñanza especialmente importante, porque nos recuerda que lo fundamental no es el lugar donde nos reunimos, sino el mensaje que anunciamos y la disposición de quienes lo escuchan.
Examinemos tres enseñanzas que podemos aplicar cuando compartimos la Palabra de Dios en una reunión familiar.
I. Una casa preparada para escuchar la Palabra de Dios
a. Cornelio reunió a sus familiares y amigos
Hechos 10:24 nos dice que Cornelio esperaba a Pedro acompañado de sus parientes y amigos más íntimos. Esto demuestra que no estaba interesado solamente en escuchar un mensaje para sí mismo, sino que también deseaba que las personas cercanas a él tuvieran aquella oportunidad.
Una gran realidad que debemos comprender es que nuestro hogar puede convertirse en un lugar donde otras personas escuchen el evangelio. No necesitamos un edificio especial para reunir a quienes desean conocer la Palabra de Dios.
b. Cornelio era un hombre que buscaba a Dios
Antes de aquella reunión, Cornelio había sido descrito como un hombre piadoso, temeroso de Dios, generoso y dedicado a la oración (Hechos 10:1-2).
Su ejemplo nos recuerda la importancia de la oración familiar, pero también nos enseña que la religiosidad y las buenas obras no sustituyen nuestra necesidad de Jesucristo.
Cornelio necesitaba escuchar el mensaje que Pedro traería. Sus oraciones y limosnas no significaban que ya no necesitara el evangelio.
c. Aquellas personas estaban dispuestas a escuchar
Cornelio expresó una disposición extraordinaria cuando declaró:
«Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado» (Hechos 10:33).
¡Qué diferente sería nuestra actitud si cada vez que escuchamos una prédica tuviéramos ese mismo deseo!
No se habían reunido para entretenerse, discutir opiniones personales o escuchar historias interesantes. Querían conocer lo que Dios había mandado.
d. La Palabra debe ocupar el lugar principal
Una reunión cristiana en un hogar puede incluir oración, alabanza y momentos de compañerismo, pero nunca debemos permitir que esas actividades sustituyan la enseñanza bíblica.
Romanos 10:17 relaciona la fe con el oír la Palabra de Dios. Por eso, cuando preparamos un mensaje para predicar en una casa, nuestra primera responsabilidad es explicar correctamente las Escrituras.
Ahora bien, ¿qué mensaje anunció Pedro cuando encontró a aquellas personas reunidas?
II. Jesucristo debe ser el centro de nuestra predicación
a. El evangelio es para todas las personas
Pedro comenzó reconociendo una verdad que Dios le había mostrado: Él no hace acepción de personas (Hechos 10:34-35).
La palabra griega προσωπολήπτης (prosōpolēmptēs), relacionada con la expresión «acepción de personas», describe a alguien que muestra favoritismo o parcialidad (Blue Letter Bible Lexicon Strong’s G4381).
Pedro comprendió que Dios no limitaba el anuncio de la salvación a un solo pueblo. Cornelio era gentil, pero también necesitaba escuchar acerca de Jesucristo.
Esto nos enseña que no debemos seleccionar a quienes anunciamos el evangelio según su posición económica, nacionalidad o condición social.
b. Pedro anunció quién es Jesucristo
En Hechos 10:36, Pedro presentó a Jesucristo como Señor de todos y anunció la paz que viene por medio de Él.
Esta es una enseñanza fundamental. Podemos hablar sobre problemas familiares, dificultades económicas y preocupaciones personales, pero ningún mensaje cristiano está completo si dejamos a Jesucristo fuera de su centro.
Las familias necesitan orientación y consuelo, pero su necesidad más profunda es conocer al Salvador.
c. La muerte y resurrección de Cristo son esenciales
Pedro continuó explicando el ministerio de Jesús, su muerte y su resurrección (Hechos 10:38-41).
No predicó solamente acerca de cómo tener una familia feliz o cómo superar los problemas de la vida. Anunció lo que Dios había hecho por medio de Jesucristo.
El apóstol Pablo también declaró que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras (1 Corintios 15:3-4).
Por eso, aunque adaptemos nuestro lenguaje a una reunión familiar, nunca debemos quitarle al evangelio sus verdades fundamentales.
d. El perdón de los pecados se recibe por la fe
Pedro declaró que quienes creen en Jesucristo reciben perdón de pecados por su nombre (Hechos 10:43).
Esta enseñanza es particularmente importante cuando predicamos delante de familias. No debemos dar a entender que una persona es salva simplemente porque sus padres son cristianos o porque vive en un hogar donde se ora.
La salvación se recibe por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo (Efesios 2:8-9).
Una casa puede estar llena de personas religiosas y, sin embargo, cada una necesita responder personalmente al evangelio.
III. Escuchar el evangelio exige una respuesta personal
a. La Palabra de Dios produjo una respuesta extraordinaria
Mientras Pedro todavía hablaba, el Espíritu Santo cayó sobre quienes escuchaban su mensaje (Hechos 10:44).
Este acontecimiento tuvo una importancia especial en la historia de la iglesia, porque mostró que Dios también recibía a los gentiles que creían en Jesucristo.
No debemos interpretar este pasaje como una promesa de que toda reunión familiar tendrá las mismas manifestaciones extraordinarias. Lo que sí podemos afirmar es que Dios obró poderosamente mientras aquellas personas escuchaban el evangelio.
b. La respuesta debe estar fundamentada en la fe
El mensaje de Pedro había presentado claramente a Jesucristo y el perdón de pecados mediante la fe.
Por eso, cuando preparamos un bosquejo para predicar en hogares, debemos procurar que nuestros oyentes comprendan quién es Cristo, por qué murió, que resucitó y por qué necesitan acudir a Él.
No se trata de producir una reacción emocional momentánea. Nuestro propósito es que las personas conozcan la verdad y respondan sinceramente al llamado de Dios.
c. La obediencia forma parte de la vida cristiana
Después de lo ocurrido, Pedro mandó bautizar a aquellos creyentes en el nombre del Señor Jesús (Hechos 10:47-48).
El relato nos muestra que escuchar el evangelio no debía convertirse en una experiencia religiosa sin consecuencias. La fe en Jesucristo también debía expresarse mediante la obediencia.
La salvación no se gana por nuestras obras, pero quienes verdaderamente creen en Cristo son llamados a seguir sus enseñanzas.
d. Nuestro hogar puede abrir nuevas oportunidades para evangelizar
En la casa de Cornelio había familiares y amigos reunidos. Aquella invitación permitió que personas que necesitaban escuchar el evangelio recibieran el mensaje de Jesucristo.
Nosotros también podemos aprovechar oportunidades semejantes. Una conversación con un vecino, una reunión de familiares o un encuentro de oración pueden convertirse en ocasiones apropiadas para compartir el evangelio.
Sin embargo, debemos recordar que no podemos obligar a nadie a creer. Nuestra responsabilidad consiste en presentar fielmente la Palabra; solamente Dios puede transformar el corazón.
Aplicación
Si tenemos la oportunidad de organizar una reunión cristiana en nuestro hogar, debemos hacerlo con un propósito claro: que las personas escuchen la Palabra de Dios y conozcan a Jesucristo.
No necesitamos preparar un mensaje complicado. Podemos seleccionar un pasaje bíblico, explicar su contexto, presentar sus enseñanzas principales y mostrar cómo se aplican a nuestra vida.
También debemos evitar convertir estas reuniones en discusiones religiosas donde cada persona intenta imponer su opinión. Cornelio había reunido a sus familiares para escuchar lo que Dios había mandado, y esa misma disposición debe caracterizarnos.
La finalidad de predicar en un hogar no es impresionar a los presentes, sino presentarles fielmente a Jesucristo.
Conclusión
Cuando Pedro llegó a la casa de Cornelio, encontró una reunión de personas que deseaban escuchar la Palabra de Dios. No estaban en una sinagoga ni en un templo, sino en una casa donde familiares y amigos esperaban recibir el mensaje que el Señor había enviado.
Aquella reunión nos deja una enseñanza que debemos recordar: el evangelio puede anunciarse en cualquier lugar donde existan personas dispuestas a escucharlo.
Ahora bien, también debemos comprender que abrir las puertas de nuestra casa no significa automáticamente que todos los que viven allí serán salvos. Cada persona necesita escuchar, creer y responder personalmente a Jesucristo.
Por eso, no dejemos pasar las oportunidades que Dios nos concede para hablar de su Palabra. Quizás entre nuestros familiares, vecinos o amigos hay alguien que todavía no ha escuchado con claridad el mensaje de salvación.
Que el Señor nos conceda sabiduría para abrir nuestros hogares, humildad para enseñar su Palabra y fidelidad para anunciar a Jesucristo, porque lo verdaderamente importante no es cuántas personas logremos reunir, sino que cada una tenga la oportunidad de conocer la verdad que puede transformar su vida.
© Rafael Rodríguez. Todos los derechos reservados.






