Laodicea

Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

Apocalipsis 3

Laodicea. Yo había pensado y esperado haber cerrado nuestra consideración de esta porción de la escritura la tarde anterior; pero no lamento ahora que en ese momento el tiempo no lo permitiera, puesto que siento muy fuertemente la importancia de este último mensaje a Laodicea. Y me dará la oportunidad de continuar de manera más general, lo que hemos examinado en relación con el testimonio que da la palabra de Dios a la venida del Señor Jesucristo.

Vemos en este mensaje a la iglesia de Laodicea, que ella es amenazada con el juicio final y completo, sin ninguna posibilidad de escape en absoluto.

En realidad, no es que ella ha llegado todavía a la consumación plena del mal; porque si hubiese llegado, ¿dónde estaría la utilidad de advertirla? A esta iglesia de Laodicea, como a todas las otras seis iglesias anteriores, se le habla como teniendo el carácter de la iglesia de Dios (es decir, como sosteniendo ante Dios la posición de reconocido testimonio Suyo para el mundo); y como a tal, se le amenaza con el rechazo. Esto es importante en relación con otras partes de la escritura. No es la historia de lo que ha sido cumplido, sino la advertencia y amenaza de lo que está por venir.

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Por esta razón, su carácter es profético. Y como todo el libro del Apocalipsis es juicio, así también, en estos mensajes a las iglesias, tenemos el juicio de la iglesia profesante, situada bajo el ojo de Dios, como sosteniendo esta posición. Y yo aquí volvería a traer a sus memorias, lo que he dicho antes, y lo que es importante recordar, que lo que está ante nosotros en todas estas iglesias no es la obra de la gracia de Dios en sí misma; porque estos mensajes a las iglesias no tendrían ningún lugar si lo fuera -ni siquiera Cristo la Cabeza del cuerpo, como la fuente de gracia a los miembros- ni siquiera es la obra del Espíritu de Dios, porque eso, por supuesto, nunca es el sujeto del juicio; como también la gracia que fluye de la Cabeza a los miembros nunca puede fallar. Esto nunca puede ser el sujeto de advertencias o amenazas. Lo que es revelado, es la condición y el estado de la iglesia, como teniendo el lugar de responsabilidad bajo el ojo de Dios, y las relaciones consecuentes de Cristo con esto, en la expectativa de fruto.

Además, estos mensajes no son a individuos, sino a iglesias; sin embargo, hay bastante para recoger en estos mensajes por individuos que tienen oído, a través de la instrucción del Espíritu Santo: confío que incluso ahora hayamos recogido un poco de tal instrucción. Las promesas también son a individuos, “Al que venciere” en medio de las circunstancias malas, pero el trato es con el cuerpo.

No es entonces la provisión del Espíritu de gracia desde la Cabeza, ni siquiera las indicaciones a través del Espíritu del amor del Padre tratando con los hijos que están adentro, porque eso supone que la iglesia está en un estado acepto y saludable, y que les da instrucciones apropiadas a ese estado, y respondiendo al propósito para el que se la llamó en la posición de iglesia.

En Laodicea está aquello que no se puede aplicar a los individuos; ustedes pueden advertir a los individuos en la iglesia de Dios, “mas los simples pasan y reciben el daño” (Proverbios 22: 3). Pero esto no es simplemente advertencia; se anuncia una extirpación, y eso nunca se puede aplicar a un santo de Dios. “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Es la extirpación del cuerpo profesante externo, el cual lleva el nombre de iglesia, como tal. Esto nos lleva a ver la importante verdad de la responsabilidad de la iglesia profesante de Dios en la tierra; es por eso que me alegro mucho de esta oportunidad de examinar de nuevo los principios generales relacionados con esto.

“Y al ángel de la iglesia que está en Laodicea, escribe: Estas cosas dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios”(Versión Moderna). El carácter de Cristo dado aquí es notable. En las últimas tres iglesias hemos visto que Cristo abandona, por así decirlo, las características dadas de Él en el capítulo 1 (es decir, Él no es presentado en ninguna parte con el carácter que Él toma en el capítulo 1); sino que encontramos una nueva revelación especial de Él según las circunstancias de la iglesia a la que se habla. No se dan los mismos rasgos de carácter de Él como los que Juan había visto en la visión; no se relaciona así con las cosas ‘vistas’, sino con “las que son”, en una condición nueva y distinta de la que ellos habían estado colocados en su relación original con Cristo; y por consiguiente, se hace una revelación nueva de Cristo para la necesidad y ocasión de la iglesia.

En Filadelfia, Cristo no fue conocido en el mismo carácter en el que Él fue conocido en Tiatira, como el “hijo sobre su casa” (Hebreos 3: 6), sino que serían asidos por la iglesia, rasgos nuevos de Su carácter para su necesidad particular. Desde el mismo período de tiempo, e incluso antes, es decir, desde el tiempo de la corrupción completa de su posición original, la venida del Señor es ofrecida a la iglesia.

El santo ya no podía ocuparse más con la esperanza de restauración de la iglesia como un todo profesante, y por consiguiente, la venida del Señor se pone ante él como su único recurso, para que el remanente fiel pudiera esperarlo a Él, encontrando en Cristo aquello en lo que ellos pudieran apoyarse y confiar, cuando el terreno exterior se estaba resbalando debajo de sus pies. Los que tenían fe especial en Jesús no podían seguir flotando con la corriente común de los pensamientos de la iglesia; porque si ellos lo hicieran, ellos se encontrarían con Jezabel, o con Sardis, teniendo un nombre de que vivían y sin embargo estaban muertos.

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La fe ha tenido que ser sostenida de una manera especial, para guardarme de las seducciones de la “sinagoga de Satanás”. La gracia común bastará cuando la propia iglesia esté en su lugar, pero se necesita gracia excepcional para sostener al creyente cuando la iglesia no está guardando su lugar. Si Jezabel está allí, yo no puedo seguir con la fe común; Cristo y la falsedad no pueden seguir juntos. Si tiene un nombre de que vive, estando muerto, yo debo tener algo especial para que sostenga la vida en mí. Por consiguiente, ya sea Jezabel seduciendo*, o Babilonia adulterando, o Laodicea que va a ser vomitada, yo no podría continuar satisfecho con el estado moral de las cosas.

Por consiguiente, necesito una gracia especial adecuada para esto, discernida solamente por la preocupación espiritual, no siendo esta la relación natural entre Cristo y la iglesia. Por supuesto que necesitamos la gracia sostenedora de Dios en todo momento, nosotros no podemos proseguir sin ella, como cada uno sabe; yo la necesito, tú la necesitas, todos nosotros la necesitamos. Pero cuando aquello que lleva el nombre de iglesia de Dios se acerca a la maldición, va a ser vomitada, entonces se necesitan una medida doble y un carácter especial de gracia para sostener a los fieles en el estrecho y a menudo solitario camino en el que ellos serán llamados a caminar. Y observen aquí: cuando ellos habían llegado al estado de cosas de Filadelfia, con su poca fuerza y guardando la palabra de Cristo, y no negando Su nombre, la venida del Señor se presenta para el consuelo de los fieles; y entonces se cambia de tema. {* Jezabel es la fuente de daño interior; Babilonia corrompe el mundo; la propia Laodicea es lanzada fuera como sin valor.}

Luego aquí, aunque la iglesia profesante todavía subsiste en la forma, sin embargo es absolutamente rechazada, y se declara incondicionalmente que Cristo la vomitará de Su boca. El juicio no se ha cumplido, pero es seguro y es asumido como tal. Y la razón por la qué la venida del Señor se abandona después de Filadelfia, es que, habiéndose arruinado moralmente toda la cosa y sujeta a juicio, el Señor se presenta como estando afuera en Laodicea, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo”. Si todavía hay santos adentro, el testimonio a ellos es como desde fuera de la escena de la que ellos forman parte. En Filadelfia, todo trato con los santos como manteniéndolos en un lugar de testimonio, está cerrado; porque la iglesia profesante se había entonces convertido, o en Jezabel en la corrupción, o en Sardis en la muerte, para que ser juzgada como el mundo; y el remanente tenía el testimonio por guardar la palabra de la paciencia de Cristo, y son confortados por la convicción de que Cristo vendrá pronto. Ahora ellos debían estar satisfechos con la seguridad de que entonces la sinagoga de Satanás sabría que Cristo los había amado.

En la iglesia de Filadelfia, el carácter de la venida de Cristo fue puesta en su lugar verdadero y apropiado. Vista por la iglesia, la venida de Cristo es para sí misma. Cristo dice, ‘es por ti, por lo que yo estoy viniendo’, y la esperanza de la iglesia es verlo a Él. Se trata de ‘ti’ y ‘yo mismo’, Él dice que deben estar juntos, constituyendo el carácter de esperanza apropiado de la iglesia y la alegría cumplida. Por esta razón, en el capítulo 22, después que el Señor ha pasado por la profecía entera, Él dice, “Yo Jesús he enviado a mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias” – “Yo soy . . . , la estrella resplandeciente de la mañana” (Apocalipsis 22: 16); y la presentación de Él mismo, despierta el clamor para que Él venga. Cuando advierte a los hombre, Él no dice,”He aquí, yo vengo pronto”. El Espíritu y la Esposa dicen, “Ven”, y entonces, en una respuesta que asegura el corazón, Él dice, “Ciertamente vengo en breve”; a lo que la iglesia responde, “Amén; sí, ven, Señor Jesús”. Es muy evidente así, que la venida del Señor a tomar a la iglesia hacia Él, debe ser algo exclusivamente entre Él y la iglesia.

Pero no será así con el remanente de Israel, para ellos se necesitará la ejecución del juicio, para la toma de su lugar en la tierra. De hecho, la venida del Señor a la propia tierra, debe ser esperada con la ejecución del juicio, recogiendo afuera de Su “reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad” (Mateo 13: 41). Y es evidente que la liberación del remanente de Israel relaciona la venida del Señor con la ejecución del juicio sobre lo que lo desprecia a Él, antes de que Israel pueda posiblemente conseguir su bendición. Y esto justifica el fuerte clamor de venganza que encontramos a lo largo de los Salmos; tomen el Salmo 94 por ejemplo, “¡OH Dios de las venganzas, . . ., manifiéstate. . .!”(Versión Moderna). Ahora nosotros no queremos la venganza para estar con Cristo en bendición.

Dios nos ha dado, en todos los sentidos, la gracia como nuestra porción, y nosotros tenemos que ver completamente con la gracia. Yo no estoy esperando que venga el Señor y me vengue en mis enemigos, porque estoy esperando ser arrebatado para encontrarme con Él en el aire. Y, que pueda entenderse claramente, yo comentaría de nuevo, que a lo largo de todas las Escrituras este clamor, en relación con el Señor viniendo a la tierra, es el idioma del remanente de Israel, y no el idioma de la iglesia de Dios.

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Tomen el Salmo 68 : 23, “Porque tu pie se enrojecerá de sangre de tus enemigos, y de ella la lengua de tus perros.” Éstos no son los pensamientos que ocupan mi alma en la contemplación de encontrar a Jesús en el aire. Si, a través de la gracia, yo me he inclinado ante la gracia del Cordero, entonces no tengo ninguna relación con lo que quedará bajo la ira del Cordero. Es a Él a quien yo estoy esperando, por el hecho de lo que Él es por Sí mismo, aparte de cualquier otra cosa. Así también, en la descripción de los futuros tiempos judíos de bendición en Isaías 60 : 12, “la nación o el reino que no te sirviere perecerá”; mientras que de la Nueva Jerusalén se dice, “las hojas del árbol son para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22: 2 – Versión Moderna).

Israel es la escena de los justos juicios de Dios; la iglesia es la escena de la gracia soberana de Dios; y esto nunca deja de ser así. Porque la iglesia, como tal, nunca pide venganza; ella verá la justicia de la venganza cuando Dios vengará la sangre de aquellos que han sufrido, y se regocijará en que la corrupción sea destruida; pero su propia porción es estar con Cristo. La tierra será liberada a través del juicio; pero nuestra porción es encontrar al Señor en el aire, y estar para siempre con Él.

Teniendo la iglesia de Filadelfia su porción apropiada, la venida del Señor, finaliza el asunto de esta esperanza bendita. En Laodicea, por consiguiente, no hay nada acerca de la venida del Señor, aunque por supuesto esto permanece verdadero, pero aún así, no se pone ante ella. Es otra cosa lo que está a mano; y aquí entra el carácter profético, porque el Señor está hablando aquí de lo que iba a pasar en el juicio. Él va a juzgar a la propia iglesia. Él siempre está hablando de la iglesia profesante (debemos recordar esto), de aquello que toma el lugar de la iglesia de Dios, como el testimonio para Dios en el mundo. Y observen el carácter peculiar que Cristo toma aquí ahora; si la iglesia, este vaso de testimonio para Dios, este testigo, es puesta a un lado por el Señor con repugnancia, entonces el Señor mismo aparece como el “Amén, el testigo fiel y verdadero”, no tanto en la dignidad de Su Persona, como es mostrado en el capítulo 1, sino como el testigo fiel y verdadero -“el principio de la creación de Dios”, como que va a tomar el lugar de aquello que ha fracasado tan enteramente como testigo de Dios en la tierra.

En (la epístola universal de) Santiago vemos que el propósito de Dios es, “que seamos nosotros [la iglesia], en cierto sentido, las primicias de sus criaturas”(Santiago 1: 18 – Versión Moderna), y la iglesia tendrá ese lugar en la plenitud de la creación restaurada. Pero aun ahora la iglesia es llamada a tener su propio lugar peculiar, como teniendo las primicias del Espíritu; pero contemplada como en una posición de testimonio, la iglesia ha fallado absolutamente, no sosteniendo, en el poder del Espíritu Santo, esta posición de primicias de Sus criaturas. ¿Por qué, cuales son los frutos que indican ese poder? ¿No son ellos “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5: 22, 23)? ¿Los ven ustedes en la iglesia profesante?

No; y por consiguiente, nosotros decimos, que la iglesia profesante ha fracasado en ser ‘en cierto sentido, las primicias de las criaturas de Dios’; porque la iglesia profesante no sostiene una posición por sobre el estado presente de la creación o el mundo alrededor de ella. Si un hombre viene a Londres desde China, ¿vería él estos frutos del Espíritu en la iglesia profesante? ¿o él encontraría la misma codicia, el mismo amor al mundo aquí, en todo sentido, como en su propio país? ‘OH’, él podría decir, ‘yo podría hacer todo esto en China. Lo que los Cristianos están haciendo en Londres (y los verdaderos Cristianos también), yo lo puedo hacer a lo largo de toda China; aunque pueda haber una manera mejor y más refinada de llevarlo a cabo en Londres que en China’. Pero en China están los mismos resultados; porque lo que los Cristianos profesantes están haciendo en Londres también se hace en China, aunque puede no ser conseguido tan cómodamente con respecto a la carne, pero bastante a fondo en cuanto al corazón.

No creo que la iglesia profesante está todavía totalmente madura en la condición final de Laodicea; si así lo fuera, hubiese sido inútil advertirla. Dios está sujetando la brida, y no permite todavía que el mal se desarrolle totalmente. Era así tan verdadero en el principio en Efeso, en el momento en que la iglesia se apartó de su primer amor; pero no lo encontramos desarrollado hasta el estado Laodiceano, cuando Cristo vomita de Su boca la cosa entera. Y recuerden que es la iglesia profesante la que es vomitada así, y no la iglesia del Dios viviente, el cuerpo y la esposa de Cristo. Tampoco es esta extirpación una mera remoción del candelero; porque cuando no se puede decir de la iglesia profesante, ustedes “no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17: 16), entonces, en lugar de ser ella el objeto del deleite de Cristo, se vuelve (es terrible decirlo) una repugnancia para Él: “te vomitaré de mi boca”.

Acerca de Isaías Nazario B.

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