La conversión del pecador

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos Texto Biblico:¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;  y la llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.” (Lucas 15:4-6)

Tema: La alegría por la conversión del pecador

Introducción

El Señor es el Buen Pastor. Él cuida de sus ovejas, y guía a su rebaño a lugares de verdes pastos. Pero no todas las ovejas permanecen en el redil, muchas se extravían.

La que se extravían se alejan del rebaño, hasta no poder escuchar más la voz del Pastor. Esto pasa con los pecadores, se van alejando de los hermanos en la fe, o de los lugares donde la gente ama a Dios, y se pierden en el pecado.

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Al alejarse, escuchan cada vez menos la voz de su conciencia, no pueden reconocer la voz del Pastor que las quiere traer al redil.

Pero Él la quiere, la ama. Sale y deja a todas las demás, que ya siguen su camino. Así sale el Señor en busca del pecador. Llama y llama a nuestro corazón para que un día le respondamos y le abramos la puerta.

Cuando por fin nos halla, se produce una gran fiesta en el cielo. Porque Cristo para esto vino, para salvarnos y conducirnos al Padre.

El cielo será como ese banquete al que invita el Pastor, para alegrarse con sus familiares y amigos de que ha hallado a la oveja que estaba perdida.

Nosotros también deberíamos gozarnos cuando un pecador se convierte. Debería ser motivo de alegría. Sin embargo, algunas veces somos mezquinos y egoístas. Estamos encerrados en nuestro círculo de hermanos en la fe, como si fuera un grupo cerrado, que no deja entrar a nadie más.

El Padre misericordioso (Lucas 15:11-32)

Cristo nos muestra en esta parábola lo que significa el perdón de Dios. Porque nos compara con un padre que tenía dos hijos. Un hijo le pidió su parte de la herencia y la malgastó en un país lejano. El otro se quedó junto a él, y lo ayudó.

Pasaron los años y el hijo que se fue se halló en la miseria. Entonces decidió volver con su padre.

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Ahí comienza el proceso de conversión, de vuelta a casa. El padre se regocija enormemente al ver a su hijo perdido. Manda a hacer una fiesta.

Porque todo este tiempo no estuvo enojado con él, sino deseando que vuelva. Quería que vuelva a su lado, sin importarle lo que había hecho.

Pero el otro hermano no actuó de la misma manera. Se mostró visiblemente enojado por la fiesta que se hizo por sus amigos. Ante su padre, se deshizo en reproches, mostrándole que siempre fue fiel, y sin embargo no tuvo una fiesta como el hijo que se había extraviado por malos caminos.

Pero el padre responde: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas…” (Lucas 15:31). Ya todo es de los que están junto a Dios. El Señor los espera en el cielo. Ya tenemos nuestra recompensa. Pero es necesario que cuando un hermano vuelve al redil, nos alegremos con gozo cristiano.

Porque si no estaríamos dentro de la envidia. Nos resultaría injusto que los que siempre cumplimos los mandamientos, tengamos la misma recompensa que los que llegan a la última hora.

Esto pasa porque tenemos el corazón pequeño. No como el del Padre, que es misericordioso. En ningún momento él nos engañó. Él tiene un amor infinito por sus creaturas, de manera que no se dedica simplemente a repartir justicia, por méritos. No funciona como una competencia de quién es más bueno por más tiempo. Está en juego la salvación o la perdición eternas.

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Si algo tan grande está en juego, nosotros también deberíamos estar preocupados porque todos se salven. No importa que hayan malgastado su vida en el pecado y a última hora se hayan convertido. Eso no nos toca a nosotros juzgar.

Si Dios le quiere dar la misma recompensa a todos, ¿quiénes somos nosotros para quejarnos? Somos meros obreros en la viña, que si bien soportamos todo el calor del día en el trabajo, no somos los dueños de la viña. Si Dios quiere recompensar con un jornal a todos los trabajadores, incluso los que sólo trabajaron una hora, no somos los dueños de su fortuna para impedírselo.

Conclusión

En el cielo hay fiesta por un pecador que se convierte. Porque Dios está siempre buscando a la oveja que está perdida. De la misma manera debemos alegrarnos nosotros, y no considerarnos más que el recién convertido, porque todos nos dirigimos al mismo lugar por la misericordia de Dios. No por nuestros méritos.

© Hilda Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Hilda Hernández

Soy la esposa del pastor. Amante de mi Dios y Salvador Jesucristo y la palabra de Dios. Me gusta redactar y compartir mensajes cristianos y reflexiones cristianas. Es mi oración que mis redacciones le sirva de bendicion.

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