Comunicación destructiva

Mensajes Cristianos – Predicas Cristianas

Santiago 1:19-20 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Cuantas veces, siendo aún creyentes hemos perdido el control ante alguna discusión y antes de oír nos hemos airado y hemos caído en la ira y con esto hemos causado daño al tirar palabras basados en este sentimiento negativo y no propio de un cristiano. En ocasiones decimos que aún queda algo de nuestra carnalidad que nos hace actuar de esta manera, más no es justificativo para dejarnos llevar por la pasión que la ira nos provoca en ese momento.

Si leemos Santiago 3:3-5 “He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!”

Este versículo es tan claro y evidente de lo que un creyente debe hacer. Debemos poner freno en nuestra boca y para esto solo lo logramos teniendo presente la palabra de Dios, ya que la lengua es el órgano más pequeño pero es el que más contamina al cuerpo, puesto que no hay ser humano sobre la tierra que pueda domar a su lengua, eso lo sabe Dios pero él quiere que nosotros tengamos fortaleza y confianza y en vez de causar daño utilicemos nuestra lengua para que de ella salga toda palabra de bendición y mas no de maldición, de esto nos habla en Santiago 3: 10- 11 “De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?”

Entonces hermanos no podemos seguir justificándonos en nuestra debilidad o decir que aún tenemos carnalidad en nuestras vidas porque para Dios no es un argumento que tenga validez, su palabra es muy clara y él nos manda a que refrenemos nuestra boca y que de nuestra lengua salgan palabras de bendición y sean para alabar y dar gloria a Dios mas no para destrucción de nuestros semejantes.

Que nuestra boca se convierta en una fuente de dulzura y que nuestras palabras sean de edificación para todas las personas ya sean estas creyentes o sean impíos solo así daremos a conocer el amor de Dios para con todos nosotros.

© John Henry. Todos los derechos reservados.

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