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Adivinos en la iglesia

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Si usted tiene algún tiempo visitando y participando en una iglesia evangélica, seguramente ha podido observar que nunca faltan hermanos que en el nombre de Dios, tratan de adivinar problemas del pasado y en muchas ocasiones también profetizan el futuro.

La mayoría está conformada por un grupo que o bien es nuevo en estos caminos y pretende hacer lo que otros, que sí han tenido revelación de la palabra, o es viejo en la iglesia y bajo esta condición quiere adivinar; pero que en definitiva el conocimiento de la palabra no ha pasado por él.

De todos modos, tanto uno como el otro están haciendo cosas que no agradan a Dios, más cuando lo hacen usando su propio nombre.

Y sus profetas recubrían con lodo suelto, profetizándoles vanidad y adivinándoles mentira, diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor; y Jehová no había hablado“. Ezequiel 22:28.

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No sólo se ofende a Dios cuando se hacen estas cosas, que ya es bastante; sino que los hermanos que vienen por primera vez a la iglesia, se llevan muy mala impresión de la congregación y comparan la experiencia que acaban de tener con otras que tal vez la han visto en sesiones de espiritismo o de magia.

En una ocasión, a un examen de habilidades, se presentaron cinco estudiantes. Entre las preguntas que ellos debían responder, una planteaba el siguiente problema: Un tren de un kilómetro de longitud a una velocidad de sesenta kilómetros por hora debiera pasar por un túnel de un kilómetro de longitud. ¿Cuánto tiempo le tomaría al tren, pasar el túnel?.

El problema tenía cuatro posibles respuestas, de las cuales sólo una era correcta, dadas de esta manera:

  1. Un minuto
  2. Una hora
  3. Dos minutos
  4. Dos horas.

Cuatro estudiantes razonaron correctamente que si el tren viaja a sesenta kilómetros por hora, entonces iría a un kilómetro por minuto. Luego pensaron que como el túnel tenía un kilómetro de longitud, al tren le tomaría un minuto pasarlo y marcaron la respuesta A, como la correcta.

El quinto estudiante, después de hacer el primer razonamiento como los demás, no se quedó conforme. En el escritorio puso su lápiz sobre la hendidura que se usa para descansar de él, cuando no se está escribiendo y comprobó que ambos tenían la misma longitud, de manera que identificó a la hendidura con el túnel; y con el tren, al lápiz cuya punta sería la máquina, y el otro extremo, o sea; el borrador, el último carro.

Después tomó el lápiz y colocó la punta en un extremo de la hendidura y vio que para que la máquina llegue al otro extremo del túnel, le tomaría un minuto, más otro minuto al último carro, porque el tren tiene al igual que el túnel un kilómetro. Serían en total dos minutos, por lo que la respuesta correcta es C y no A.

Los primeros cuatro estudiantes fueron muy superficiales y se conformaron con el primer análisis, mientras que el quinto fue bien profundo en su razonamiento lógico y estudió el problema en toda su extensión, logrando así obtener la respuesta correcta.

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Cuando leemos la palabra de Dios, como un libro cualquiera, nos identificamos con los protagonistas como en las novelas y terminamos queriendo profetizar como Isaías, Elías, Daniel o cualquiera de los profetas; cayendo en falsedades y situaciones vanales que hacen daño a los más nuevos, cuando comprueban que lo dicho por el hermano, falso profeta, no era de Dios.

Por el contrario, cuando somos profundo en la palabra de Dios, la estudiamos y la compartimos con otros hermanos con más experiencia, aprendemos a conocer la voluntad de Dios y rápidamente nos damos cuenta que profetizar, es un don que da Dios y que no lo podemos tomar por nuestra propia cuenta.

UN CONSEJO FINAL.

A ti hermano que eres viejo -en el mejor sentido de la palabra- en los caminos del Señor, no le expreses con tu boca a otro hermano, en el nombre del Señor, lo que Él no te ha puesto en el corazón.

Y a ti hermano que eres nuevo en este caminar, no prestes atención a todo lo que te dicen por detrás de tu pastor y pon tus ojos en Jesucristo.

© Antonio J. Fernandez. Todos los derechos reservados.

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Predicas Biblicas… Mensajes Cristianos

Acerca de Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernández, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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