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La maquina del tiempo

Mensajes Cristianos

A mi viejo amigo R. Monterrey, lo conocí, siendo él un pastor de una iglesia evangélica. Sin embargo, años atrás, había sido un calificado profesor de Historia de la universidad de su ciudad, donde también pertenecía a un grupo de historiadores de la misma.

Había galardonado la universidad con varios trabajos hechos, en la búsqueda de datos que no estaban muy claros en ciertos períodos de la Historia Universal, alcanzando gran prestigio para él y para su institución.

Sabiendo yo, que muchos hombres conocedores de la historia, se basan más en estos hechos, que los que ofrece la Biblia; me llamó la atención sobremanera que estuviera totalmente entregado al ministerio, y por el contrario, aprovecha estos conocimientos para fundamentar lo que predica, sin poner contradicciones entre ambos. Entonces le pregunté: -Doctor Monterrey, ¿cómo llegó a usted el evangelio?

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Me miró fijamente por unos instantes y después se sonrió en silencio, hasta que por fin se dispuso a responderme: – Te contaré porque se trata de algo muy curioso.

Hace muchos años, -me contaba el pastor Monterrey- yo tenía una máquina del tiempo más ingeniosa que la de H.G. Wells, porque siendo mucho menos costosa, me llevaba del presente al pasado y al futuro, de la manera que yo deseara. Consistía en una bolsa que contenía cientos de pequeñas fichas de nácar, cifrados en cada una, el nombre de un lugar del mundo y una fecha que oscilaba, desde la antigüedad hasta un futuro muy lejano.

Yo la tenía puesta siempre, sobre un reclinable en el que me recostaba en mis horas de relajamiento. Tomaba una al azar y si se trataba de una fecha del pasado, aplicaba mis conocimientos de Historia Universal y me hacía protagonista de lo que pudiera estar ocurriendo en esa parte del mundo en aquel entonces. De otro modo, si se trataba de una fecha futura, dejaba todo a cargo de mi imaginación. Era un gran relajante para mí y anhelaba las horas que pudiera estar con mi máquina del tiempo.

Un día, en el camino a casa, alguien que le hacía una promoción a una actividad evangélica, me entregó un tratadito al pasar cerca de él. Lo tomé por pura cortesía; pero sin prestarle la menor atención, porque toda mi atención estaba puesta en mi máquina del tiempo y las nuevas experiencias que de ella tendría ese día.

En efecto, una vez en casa, me recosté en mi reclinable y extraje una ficha aleatoriamente de la bolsa. Decía Jerusalén, y la fecha era de más de dos mil años atrás. Me ubiqué en los sucesos concernientes a Jesucristo y me vi en la multitud gritando que se le crucificase. Sentí un gran dolor y me avergoncé de mi mismo. Puse esa ficha a un lado y saqué otra que por cierto era muy ambigua, sólo decía: futuro no muy lejano, en un lugar cualquiera de la tierra.

Le di entera libertad a mi imaginación y me encontré en un lugar donde muchos de mis amistades y familiares habían desaparecido, y yo de pronto, me vi en una situación terrible y prácticamente insoportable de la que de ningún modo podía escapar.

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Sentí tanto temor, que decidí no continuar con mi máquina del tiempo ese día y me levanté del reclinable inmediatamente. Ante mí, el tratadito, el que me habían dado en la calle. Lo abrí y pude leer a la izquierda: Pero el día y la hora nadie lo sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi padre. Mateo 24:36.

Pero no tema hermano, todavía tiene tiempo:

que si confesares con tu boca que Jesús es el señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Romanos 10:9.

En la parte derecha del tratado, estaban la hora y la dirección donde se celebraría la actividad de los evangelistas.

Pude darme cuenta que el tiempo jugaba un papel determinante y no perdí ni un segundo. Me fui al lugar señalado en el tratado y acepté a Jesús como mi Señor.

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Mi querido lector que entra hoy a estas páginas, no espere para mañana, lo que nadie sabe cuando va a suceder. Acepte a Jesucristo como su Señor, que sólo él puede garantizar tu salvación.

© Antonio Fernández. Todos los derechos reservados.

Predicas Biblicas… Reflexiones Cristianas

Acerca de Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernández, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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2 comentarios

  1. Quiero usar esta predica mañana en mi iglesia,gracias.

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