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No actúes, escucha una corrección

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Cuando Berardo y Tranquilino llegaban a las 5:00 p.m. al Charco de Chela del río de Nueva Luisa, ya el viejo Doro se encontraba pescando y con algunos peces a su haber. Nunca pudieron adelantársele para escoger el mejor pesquero.

El día que se creyeron fuera su día peculiar al no ver al avezado pescador sentado en el lugar de costumbre, se frotaron las manos con alegría y sin pérdida de tiempo lanzaron sus anzuelos dispuestos a llevar la delantera; pero todavía no se habían acomodado mucho cuando Tranquilino, sin salir del asombro exclamó: -¡Berardo, mira aquel sombrero que flota próximo a la otra orilla!

-¡Es el del viejo Doro! –dijo Berardo muy asustado y continuó –Debe ser que Doro cayó al agua y se ahogó, y ahora yace en el fondo del charco.

Tranquilino, que no era tan cobarde como su compañero, no lo pensó dos veces y al agua fue sin detenerse, buceando de cuando en cuando sin encontrar ningún indicio.

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Entonces se oyó un ruido proveniente de las malezas y tras él la figura del viejo que sonreía pícaramente, al tiempo que decía: -¡Eh Tranquilino! ¿Te estás dando un chapuzón? Por favor alcánzame mi sombrero que el viento lo voló.

Tranquilino, con las ropas chorreando agua de la empapada, salía del río y de mala gana le entregaba el sobrero susurrando: -Viejo zorro –mientras que Berardo, no pudo pescar ese día, porque de risa se moría.

La moraleja de esta historia es: No todo lo que se ve, es. Ni todo lo que es, se ve. Abre bien los ojos y sé disciplinado antes de tomar una determinación y no te vayas por lo primero que ves.

Si Tranquilino se hubiera detenido a examinar la situación con Berardo, con toda seguridad se hubieran hecho la corrección: no porque se vea un sombrero flotando en el agua, necesariamente debe haber alguien debajo. Y como ésta, son muchas las cosas por las que actuamos antes de escuchar una corrección.

«El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; Mas el que escucha la corrección tiene entendimientoProverbios 15:32

© Antonio J. Fernandez. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernández, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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