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¿Qué, pues?

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Algo que he dicho en numerosas ocasiones, y que me escucharan repetir continuamente es que ninguno de nosotros somos perfectos.

Yo sé que todos aquí tratamos de hacer lo mejor que podamos en toda ocasión, pero con frecuencia no le damos al blanco. Con frecuencia hacemos, decimos, o pensamos cosas que no agradan a Dios.

Ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿se puede evitar todo esto?

La respuesta que les voy a dar quizás no agrade a algunos, pero la gran realidad es que no existe manera humana que nosotros podamos evitar faltarle a Dios. Todos aquí tratamos, todos aquí nos esforzamos, pero nunca podremos evitar faltarle a Dios completamente.

¿Les estoy diciendo que podemos hacer lo que nos plazca sin importarnos nada como algunas sectas o religiones enseñan? Absolutamente ¡NO! No podemos faltarle a Dios deliberadamente; faltarle a Dios deliberadamente se llama “PECAR.”

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No creo que tenga que entrar en mucho detalle acerca de todo esto, ya que todos sabemos muy bien cual es la paga del pecado. Pero si no podemos evitar faltarle a Dios, entonces: ¿qué podemos hacer? Éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy.

Hoy vamos a reconocer que existe algo que podemos hacer humanamente que nos ayudara a reconocer nuestras debilidades, lo que nos conducirá a disminuir con la frecuencia que le faltamos a Dios. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Romanos 6:15-23¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. 20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. 22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Lo primero que debemos notar es que los escolares de la Palabra están de acuerdo con que el autor de éste libro fue el apóstol Pablo. Ellos basan éste hecho en la salutación que encontramos en Romanos 1:1 cuando leemos: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios.”

Además de esto, las referencias personales y hechos encontrados en el capitulo 15 prueban sin duda alguna que Pablo fue el autor.

Lo segundo que debemos saber es que Pablo no estableció la iglesia en Roma, y que la tradición de que Pedro fue su fundador es contraria a toda la evidencia histórica.

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Lo más posible es que la iglesia tuvo su inicio cuando los judíos y prosélitos al judaísmo que se convirtieron a Cristo en el día de Pentecostés regresaron a Roma. Esto es algo que encontramos bien reflejado en Hechos 2:10 cuando leemos: “en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos.”

Así que la iglesia en Roma estaba compuesta de judíos y gentiles que se habían convertido a Cristo. Lo tercero que debemos saber es el propósito que cumple ésta epístola. En ésta epístola Pablo no estaba enfocando un problema específico en la iglesia; él escribió esta epístola con tres cosas en mente.

Número uno, revelarles el plan soberano de salvación de Dios; esto queda claramente expuesto en Romanos 1:16-17 cuando leemos: «Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.»

Número dos, para enseñarles como los judíos y gentiles formaban parte del plan de Dios; esto es algo que encontramos reflejado en Romanos 3:29-30 cuando leemos: “¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. 30Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión.”

Número tres, para exhortarles a que viviesen vidas justas y en armonía; esto es algo que queda bien declarado en Romanos 15:5-6 cuando leemos “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, 6 para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.”[1]

¿Por qué es necesario saber estos detalles? Es necesario saber estos detalles porque en ellos encontramos la fundación sobre la que edificaremos en el día de hoy.

En estos detalles encontramos la identidad del autor de ésta epístola; Pablo aunque fue extremadamente bendecido no era perfecto, pero siempre se movió hacia la santidad. Dile a la persona que tienes a tu lado, muévete hacia la santidad.

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En estos detalles también encontramos que Dios tiene un propósito para con nosotros, es decir, todos nosotros formamos parte del plan de Dios, y que como fieles creyentes todos tenemos que esforzarnos hacia la perfección; en otras palabras tenemos que perseverar y no desmayar. Manteniendo estos detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que encontramos aquí es: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”

Esto aquí nos revela claramente que no podemos pecar deliberadamente; aunque en ocasiones si pecamos inconscientemente, nunca podemos hacerlo deliberadamente porque actuar de esa forma invalida y pisotea el sacrificio de Cristo en la cruz por nuestros pecados, y esto solo producirá la ira de Dios sobre nosotros.

Esto es algo que queda claramente expuesto en Hebreos 10:26-27 cuando leemos: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.”

Ahora bien, cuando digo que pecamos inconscientemente no estoy hablando de cosas mayores que nos conducirán directamente al infierno.

No estoy hablando acerca de las cosas que encontramos en Apocalipsis 21:8 que declara: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”

Estas cosas encontradas en estos versículos de Apocalipsis son actos cometidos deliberadamente y conscientemente, los cuales tendrán su paga. Pero el Espíritu Santo nos revela hoy esas cosas que hacemos inconscientemente que en numerosas ocasiones no llegamos a reconocer.

Por ejemplo, examinemos el área más común en la que todos con frecuencia le faltamos a Dios. La oración.

Todos sabemos que estamos llamados a orar los unos por los otros; esto queda bien declarado en Santiago 5:16 cuando leemos: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”

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