La sabiduría verdadera viene de Dios

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Biblicos Texto Biblico: «!!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! !!Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.» Romanos 11:33-36

Introducción

No existe punto de comparación entre la cordura de los hombres y la sabiduría de Dios. Son cosas distintas, porque la sabiduría que proviene de Dios es la que nos hace elegir lo que más se ajusta a su voluntad. Es tan profunda que nunca podremos escudriñarla, y menos comprenderla.

Debemos pedir en la oración a Dios continuamente para que nos la conceda, sabiendo que si el Espíritu Santo nos habita, Él nos guiará hacia la voluntad de Dios. Si vemos los frutos que produce una persona, reconoceremos si está guiada por la sabiduría y la Palabra de Dios.

I. La sabiduría nace de Dios (verss. 33-34)

a. Cuando hablamos de sabiduría, no hablamos de la ciencia de los hombres.

La ciencia de los hombres envanece, en cambio la sabiduría de Dios nos hace más humildes y obedientes a los designios del Señor. La cordura tiene una procedencia divina, porque Dios es la verdad misma. Comparada con ella, todo el conocimiento del hombre se desvanece (vers. 33).

b. Debemos rendirnos ante la sabiduría de Dios

Reconocer que no podemos penetrar sus designios si Él no nos la comparte (vers. 34). Es tan profunda la mente de Dios, que nosotros creaturas mortales jamás podremos comprenderla (Isaías 40:28). Por eso el cristiano debe aceptar su condición e ignorancia, para comenzar a ser realmente sabio ante los ojos de Dios.

c. Lo que propone el mundo como sabiduría.

Lo que propone el mundo como cordura no tiene nada que ver con la inteligencia de las cosas divinas. Ser sabio es buscar en todo asemejar nuestro pensamiento al de Cristo y actuar en consecuencia. Sin embargo, para el mundo la sabiduría pasa por las discusiones inútiles y los argumentos intrincados. Eso no es lo que nos brinda Dios, sino que nos da la inteligencia para vivir de acuerdo a sus preceptos y de este modo ser felices (Colosenses 2:8)

d. Es del temor a Dios de donde proviene la sabiduría.

Si lo amamos y amamos su ley, tendremos en nosotros el principio de la sabiduría. Y siempre podremos crecer en ella, porque siempre podemos amar más a Dios y a sus preceptos (Proverbios 2:6-7; 9:10).

II. Para obtener la sabiduría, hay que pedirla con fervor (Santiago 1:5)

a. Si la sabiduría no procede de los hombres, sino de Dios, a Él debemos pedírsela como un don.

Si pedimos con fervor al Espíritu Santo que nos habite, Él nos llenará de la sabiduría que estamos buscando, para vivir como buenos hijos de Dios. En la oración, nuestro mayor deseo debe ser obtener la sabiduría, que nos ayudará a alejarnos de lo malo y hacer la obra de Dios (Efesios 1:17).

b. En la Palabra de Dios encontramos el compendio de la sabiduría que anhelamos.

Si la meditamos con asiduidad y cuidado, encontraremos en ella el tesoro de la ciencia de Dios. Por esto tenemos que tenerla siempre en nuestras manos, y siempre recurrir a ella cuando dudamos sobre cómo actuar. La familiaridad con la Palabra hace más sabio al hombre y le comunica los pensamientos de Dios (Salmo 19:7).

c. Podemos reconocer al hombre sabio por su vida y sus frutos.

Si vemos orgullo, soberbia, egoísmo, vanidad, esas no son las obras de un hombre sabio. Aparejado con el conocimiento de Dios vienen las virtudes del que se reconoce pequeño y necesitado de la ayuda divina. En definitiva, el sabio busca asemejarse cada vez más con Cristo y con sus obras (Santiago 3:17).

Conclusión

La sabiduría divina no es lo mismo que la ciencia de los hombres. No debemos confundir el estar lleno de conocimientos con saber vivir según la voluntad de Dios. Ésta es la verdadera sabiduría, la que procede de Dios y nos hace más humildes. Lo que los hombres consideran como sabiduría no es nada comparado con el entendimiento de los designios divinos (Isaías 55:8).

La sabiduría proviene del temor de Dios. Si buscamos no ofenderle, y serle gratos cumpliendo su voluntad, comenzaremos el camino de la sabiduría (Proverbios 15:33).

Debemos pedirla como un don, todos los días. Y buscarla con humildad en las Escrituras, que son el compendio de la sabiduría de Dios. Allí encontraremos las indicaciones que nos llevarán a vivir sabiamente (Salmo 119:33-35). Si tomamos como guía para nuestros pasos las enseñanzas que nos provee la Palabra de Dios, hallaremos el sendero que nos llevará hacia la vida eterna.

© Julio Torres. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Julio Torres

Nacido en hogar cristiano, me gusta estudiar la biblia y predicar el evangelio de Jesucristo.

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