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El Tabernáculo de David – II Parte

Estudios Biblicos… Predicas Cristianas

He aquí la disposición de David para el tabernáculo:

1) Convocatoria de los sacerdotes para la santificación:

1 Crónicas 15 versos 11, 12 y 14:

Y llamó David a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel. Asaías, Joel, Semaías, Eliel y Aminadab, y les dijo: Vosotros que sois los principales padres de las familias de los levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado…, Así los sacerdotes y los levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel.

Necesario es que todo aquel que quiera presentarse ante Dios con ofrenda agradable de alabanza debe hacerlo en santidad, porque escrito está también en el libro de Hebreos capítulo 12 verso 14: “…y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Esto es mandamiento divino que no puede ser obviado ni cambiado, porque así como Él es Santo, todos sus hijos deben serlo, toda vez que nos ha hecho partícipes de su sangre y su linaje.

Esta santidad es la misma que se refiere en el libro de Juan capítulo 17 verso 17: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” El mismo Jesús al orar por sus discípulos argumentó que en Su Palabra está la santificación, pero más que eso el cumplimiento de esa Palabra, tal y como lo indica el libro de Santiago capítulo 1 verso 22: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” En Dios se requiere de acción no sólo de intención.

2) Designación de Cantores con Instrumentos de Música:

1 Crónicas 15 verso 16: “Asimismo dijo David a los principales de los levitas, que designasen de sus hermanos a cantores con instrumentos de música, con salterios y arpas y címbalos, que resonasen y alzasen la voz con alegría.”

La música entonada en los instrumentos y las voces forma parte de ese tabernáculo de alabanza. Se requiere no sólo que suenen sino que resuenen, de tal forma que pueda ser oída por todos. No es que Dios esté sordo o no alcance a escuchar, de lo que se trata es que alabar a Dios no se puede esconder y no se puede callar, porque tal es Dios y tal debe ser su alabanza.

A continuación una lista de todas las oportunidades en que el libro de los Salmos expresa la orden de alabar a Dios, bien con instrumentos o con canto:

Salmo 21:13
• Salmo 28:7
• Salmo 40:3
• Salmo 43:4
• Salmo 48:1
• Salmo 51:15
• Salmo 63:5
• Salmo 66:2
• Salmo 69:30
• Salmo 71:8
• Salmo 95:2
• Salmo 106:12
• Salmo 107:22
• Salmo 109:30
• Salmo 119:171
• Salmo 126:2
• Salmo 138:1
• Salmo 147:7
• Salmo 149:1
• Salmo 149:3
• Salmo 150:3
• Salmo 150:4
• Salmo 150:5

Ahora bien, muchas son las cosas que se pueden concluir de estas citas bíblicas: el cántico se usa para alabar a Dios. David dispuso de maestros de canto entre los cantores, tal y como lo señala el libro de 1 Crónicas capítulo 15 verso 27: “…y Quenanías era maestro de canto entre los cantores.” Pero también ordenó que los cantos fuesen entonados por familias, cada una en su turno, y dichos cantos podían ser: Proféticos, Espirituales, Uniformes, y en estilo de himnos o salmos. Los coros se interpretaban multitudinariamente, de ahí que en todo el pueblo pudiesen ser oídos.

No obstante, este tipo de canto entonado con las cuerdas vocales no es el único al que se hacía referencia, sino además, es aquel que se expresa voluntariamente sin un patrón preconcebido; este es al que se le conoce como Alabanza Espontánea, pues cuando dice: “Cantad a Jehová cántico nuevo…” se refiere al acto libre y natural de ofrecer a Dios, alabanza de un modo en que no se haya hecho antes, pero que surge en el momento sin mayor influencia que la del Espíritu.

La alabanza comprende la unificación de los instrumentos de música y los cánticos. Entendiéndose que, la dirección de dichas entonaciones van hacia la grandeza de Dios, su misericordia, sus maravillas, su poderío, su Nombre, su Palabra, su Santidad, sus riquezas, su honra, su gloria, su fortaleza, entre otras; en fin, todo aquello que tenga relación directa y exclusiva con Dios. Nótese que en ningún momento, se hace mención de la alabanza a algún otro ser del cielo, la tierra, el mar o debajo de la tierra.

La alabanza es exclusiva para Dios. De manera que, si no se le rinde adoración a Dios con los cánticos y los instrumentos musicales, sería sólo música. Porque la música con adoración es alabanza, pero sin ella es tan sólo sonidos que retiñen.

3) Alabanza con alegría:

1 Crónicas 15 verso 25: “David, pues, y los ancianos de Israel y los capitanes de millares, fueron a traer el arca del pacto de Jehová, de casa de Obed – Edom, con alegría.”

Hablar de alegría parece simple, pero es fundamental para la alabanza. De la lista anterior, se puede resaltar lo siguiente:

Salmo 63:5
• Salmo 66:2
• Salmo 107:22
• Salmo 109:30
• Salmo 126:2
• Salmo 150:5

También se puede destacar el Salmo capítulo 98 verso 4 que dice: “Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos.”

Cantar alegres involucra el batir de las palmas o manos (aplaudir), ya sea como expresión de alabanza o acciones de gracias. No se hace en silencio y, contagia de risas y gozo a quien lo escucha, porque el propósito de la alabanza, es que todos participen de ella. A pesar de que Obed – Edom no era parte del pueblo judío, pues la Palabra de Dios refleja que era geteo, Dios igual lo bendijo y David también lo convidó a participar de la mudanza del arca desde su casa hasta Jerusalén.

La alegría es ese estado de ánimo que refleja el ser humano cuando se siente más que bien. Cuando las cosas a su alrededor marchan sin problemas, puede sonreír, pensar que puede lograr lo que se quiere. Está ajeno al egoísmo, la amargura, el rencor, toda clase de sentimientos que a Dios no le agradan, tal es así que al referirse el salmista a “sacrificar alabanza”, lo hace en función de que es algo que ofrecemos a Dios cuando no nos sentimos con deseos de alabarle.

Sacrificio y Alabanza son diferentes en cierta forma. Generalmente, no fluye fácil y espontáneamente. No es la alabanza que se ofrece porque todo va bien. Al contrario, es cuanto todo resulta mal. En estas circunstancias, el alabar a Dios, no es por las circunstancias, sino a pesar de ellas, la alabanza, en este particular, no asciende porque hay sensación de bienestar sino porque comienza a alabar a Dios por fe. Se le está alabando en obediencia por ser quien es y no por lo que ha hecho. Esta clase de alabanza no surge con facilidad. Pero produce, un deleite especial en el corazón de Dios.

De hecho, el libro de los Salmos capítulo 50 verso 23 afirma: “el que sacrifica alabanza me honrará…”; esto es, que para Dios, tiene mucho valor aquella persona que a pesar de los problemas y vicisitudes, es capaz de anteponer a Dios a ellos y, alabarle con alegría, porque sabe que a Dios le agrada.

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