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Edificando el Templo

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Si algo es verdad con respecto a la humanidad, es que con el transcurrir del tiempo se va apartando de la verdad revelada de Dios. Y no es de extrañar, pues ése es el resultado de vivir vidas sin tomar en cuenta a Dios. El hombre desde sus inicios ha preferido alejarse de Dios y establecer sus propios caminos satisfaciendo sus propios deseos. Sólo hace falta mirar brevemente al mundo para darnos cuenta de esta gran verdad. Y lo más triste es que muchas veces esto se puede ver dentro del pueblo de Dios. Y esto se produce luego de que muchos cristianos no permiten que la obra de Dios continúe moldeado sus vidas. Debido a que muchos descuidan la comunión con Dios, olvidando que Él debe ser prominente en sus vidas. Muchos han preferido darle lugar a las cosas que este mundo ofrece antes que seguir negándose a ellas y someterse a la voluntad de Dios. Veamos esto es la Palabra de Dios, y hoy con la ayuda del Espíritu Santo si vemos esto en nuestras vidas, clamemos su ayuda prontamente. Vayamos en nuestras Biblias a:

Hageo 1:5-9Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. 6 Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. 7 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. 8 Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová. 9 Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa.

Hermanos, ahora hagamos un breve paso por el contexto histórico del relato bíblico que es objeto de nuestro estudio de hoy. Jerusalén fue invadido y conquistado por el rey Nabucodonosor cerca del año 586 a. C. La ciudad y por ende el templo quedaron totalmente destruidos, quedaron en ruinas. Luego el pueblo de Dios fue conducido a Babilonia, donde permanecieron en un duro cautiverio por alrededor de 70 años. Esta deportación fue una disciplina de Dios como consecuencia de sus pecados de rebeldía e idolatría. Después de 50 años de la destrucción de Jerusalén, Babilonia cayó en manos de Persia, y su rey Ciro. Este rey permitió mediante un decreto que los israelitas volvieran a Jerusalén a reconstruir su templo, esto cerca del año 538 a. C. Como lo dice la Biblia en Esdras 1:2: “Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá.” En este mismo libro podemos conocer acerca del liderazgo de Zorobabel en el retorno de los israelitas. También hallamos que cerca del año 536 a. C. se inició la reconstrucción del templo, la cual comenzó con mucha diligencia, pero que también fue detenida debido a las amenazas de Samaria, como lo dice en Esdras 4:23-24: “Entonces, cuando la copia de la carta del rey Artajerjes fue leída delante de Rehum, y de Simsai secretario y sus compañeros, fueron apresuradamente a Jerusalén a los judíos, y les hicieron cesar con poder y violencia. 24 Entonces cesó la obra de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia.” Es aquí donde inicia el ministerio del profeta Hageo alrededor del año 520 a.C.

El libro del profeta Hageo constituye uno de los últimos del Viejo Testamento, considerado dentro de los profetas menores. Es preciso enfatizar que el nominativo de profetas menores se debe a la cantidad de escritura que en él se encuentra, no porque sus profecías sean poco importantes. El profeta Hageo ministró al pueblo de Dios luego de su retorno del exilio, y exhortó a la reconstrucción del templo de Dios. Aunque Hageo tuvo que enfrentarse ante una amenaza la cual paralizó la reconstrucción del templo, y pasados catorce años, el templo no se había terminado de reconstruir. Pero aquí nace la pregunta ¿Por qué aún no podían terminar la reconstrucción del templo? Pues la causa radicaba en que muchas otras cosas primaron en sus vidas dejando a un lado la obra de Dios.

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Bueno, con este repaso del contexto histórico, leamos lo que nos dice la Palabra de Dios “Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.” Aquí podemos ver cómo Dios atare la atención de su pueblo a la reflexión, observemos esto: “Meditad bien sobre vuestros caminos.” Es decir, Dios les estaba diciendo que pensaran en la vida que estaban llevando. Y es así, como también nosotros debemos estar, ya que llega momentos en los que es necesario examinar nuestras vidas, meditar en nuestros caminos, pues podemos estar dejándonos influenciar por el pecado que habita en nosotros. Si dejamos de perseverar en la fe, y somos llevados por nuestros deseos carnales, terminaremos siendo engañados y vencidos por el pecado, deteniendo la obra de Dios en nuestras vidas. Hermanos, por tal razón nosotros no podemos permitir que el pecado influya nuestro andar y condiciones en nuestras vidas. Debemos permanecer firmes sin fluctuar, la voluntad de Dios debe mover nuestras vidas en todo momento.

Del mismo modo que en la época de Hageo, en la actualidad vemos a muchos que se han estancado, paralizando así en sus vidas la obra de Dios. Legando de tal modo a una parálisis espiritual. Cuando esto acontece la visión de las personas se nubla y no logra ver la mano de Dios. Dando lugar también a la rebeldía de corazón y la apatía por las cosas de Dios. Miremos lo que nos dice la Palabra de Dios “Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.” Es preciso preguntarnos aquí si esto describe nuestras vidas. En ocasiones ¿has notado que cuanto más te ocupas en el trabajo menos tienes? O ¿Mientras más usas tus fuerzas, más débil te sientes? Pues sé que estos pensamientos han cavilado por nuestras mentes en algún o varios momentos. En la mayoría de casos la razón de esto, es que Dios no se vuelve primordial en nuestras vidas. Y por ende, dejamos de oír su voz, y olvidamos su voluntad en nuestras vidas.

La inclinación natural del mundo es no querer oír la voz de Dios. Y aunque esto es síntoma de los inconversos, es algo que también se puede observar en el pueblo de Dios, ya que muchos de ellos rehúsan oír la voz de Dios y por ende se vuelven a la desobediencia. Es lógico que si esto acontece en nuestras vidas, es que no estamos viviendo conforme le agrada a Dios. En los versículos que leímos al comienzo, vemos como Dios les habla de una manera fuerte a los israelitas, lo cual puede ser usado de la misma forma para despertar al pueblo de hoy, observemos lo que el profeta Hageo nos dice en Hageo 1:2-4: “Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada. Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?” ¿Notan lo que les digo? Amados, el templo de Dios debía ser edificado y su levantamiento terminado, pero el pueblo sólo evadía la responsabilidad, la cual debió haber sido un deleite. Veamos esto que les digo al leer “Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.” Sólo se llenaron de excusas para no terminar la obra, para no seguir levantando y reconstruyendo el templo de Dios. Sus ánimos decayeron y el tiempo no les alcanzaba para continuar con el levantamiento del templo. Sus ánimos decayeron y su tiempo no les alcanzaba para realizar la voluntad de Dios, aunque sí hallaban ánimos y tiempo para realizar muchas otras cosas. Veamos esto en la Palabra de Dios: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?” ¿Pueden verlo? Cuando se trataba de hacer la voluntad de Dios, sus ánimos decaían y tiempo no había, pero para lo secular si había tiempo y ánimo. Este estado de indiferencia, esta clase de estado espiritual lo sufren muchos hoy en día. Sí, a causa de esto a muchos hoy en día la obra de Dios en sus vidas se ha paralizado. Pero es tiempo de levantarnos de aquel letargo, y dejar a un lado todas las excusas.

En la actualidad, el hombre totalmente ha cambiado la voluntad revelada de Dios por ir tras el engaño del maligno, y de esto se nos dio advertencia, leamos en 2 Timoteo 4:3-4: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” Hermanos, no es difícil al ver al mundo a nuestro alrededor, y notar como las cosas van en ascensión hacia la cúspide de la maldad. Vemos en el mundo como la homosexualidad, el adulterio, la fornicación, y muchas otras maldades que engrosan la lista, son aceptadas como algo normal, pero en contraparte, la verdad revelada de Dios, su voluntad, su palabra, son cosas que el mundo ha desechado cómo moralidad primitiva. El hablar acerca del pecado que reina en el mundo y la necesidad de salvación del hombre, es visto cómo algo de ingenuidad y de cavernícolas, diciendo que la sociedad ya ha evolucionado de esas creencias primitivas. Pero el practicar el pecado a plena luz, es algo de la nueva generación, es algo normal, es para personas de mentes abiertas. Es de asombro, cómo el engaño del maligno ha sido creído, pero bien lo profetizaron las Escrituras.

Hermanos, las mismas palabras de Dios a su pueblo, son para nosotros “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová. Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo. ¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa.” Debemos examinar nuestros caminos, y así poder ver lo que nos mueve a caminar, es decir lo que en verdad está influenciando nuestras vidas. No permitamos que el mundo influencie nuestras vidas. No midamos la veracidad de nuestros caminos bajo nuestro propio juicio, sino que pongámoslo bajo el ojo de la Palabra de Dios. Veamos esto en las Escrituras, leamos en Proverbios 16:2: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus.” Así que, si medimos nuestros caminos en base a nuestro propio juicio, simplemente nos estamos engañando. Tengamos en mente siempre que el enemigo intentará todo lo que esté a su alcance para engañarnos y hacer que la obra de Dios se paralice en nuestras vidas. El maligno no descansará influenciando en nuestras vidas el desánimo, las dudas, la desobediencia. Tratará de influenciarnos por medio del pecado con el objetivo de alejarnos de la comunión con Dios. El enemigo tratará también de dividir nuestra hermandad en las congregaciones, puesto que el conoce bien lo siguiente, leamos en Marcos 3:24-25: “Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.”

Analicemos estas palabras de Dios a su pueblo “Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová.” Este es el llamado de Dios a reedificar el templo, pregunto yo ¿Dios nos ha llamado con el mismo propósito a nosotros? Y es clara la respuesta, pues es un sí. Dios quiere levantar un templo para que more su Espíritu en nosotros, miremos esto en la Palabra, vayamos a 1 Corintios 3:16: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Hermanos, dispongamos nuestros corazones para que Dios obre en nosotros. Dios está dispuesto a saciarnos con su gracia cada día, de tal forma que podamos andar en su voluntad, y obrar en el avance de su obra para la gloria de su nombre.

Para concluir. No dudemos del amor de Dios hacia sus hijos. Y por tal motivo Él siempre buscará lo mejor para nosotros. Amados, démosle la preeminencia a Dios en todo, de esa forma Él derramará su amor, y sus bendiciones no se harán esperar. Y en medio de las dificultades su paz, la cual sobrepasa todo entendimiento, gobernará nuestros atribulados corazones. Así que, andemos conforme a su voluntad, no obedeciendo los designios de la carne, leamos esto en Efesios 4:22: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos.” No podemos dejar que nuestras vidas sean influenciadas por los deseos carnales, ni por el mundo exterior, veamos esto en Gálatas 5:25: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Sometámonos a la guía de Dios por medio del Espíritu Santo. Dios no nos ha dado espíritu de temor, sino de dominio propio, aferrémonos a Dios y a sus promesas, las cuales impulsarán nuestro andar, y nos traerán esperanza en tiempos difíciles. Si Dios nos ha dado a su hijo, hermanos, cuanto más no nos va a dar junto con Él todas las cosas, y al final la herencia eterna. En Cristo, y sólo en Él, todo es posible, pues muy bien sabemos que: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Termino con este llamamiento: “Hermanos, meditemos en nuestros caminos, y veamos si algo ha paralizado la obra de Dios en nuestras vidas” Amén.

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